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Historia del Bonsái

 

 Escasos son los documentos que hablan de una data exacta de la creación de los primeros bonsái. Lo que sí está claro es que quienes primero los hicieron fueron los orientales. Incluso se dice que todo partió con plantas de tipo medicinal que quisieron tener más cerca, en macetas, en vez de ir a buscarlas a los cerros. Trasplantaron árboles enanos de las laderas de la montaña y de los precipicios, a recipientes ornamentales, y empezaron a apreciar en sus hogares y jardines lo que consideraron como "una misteriosa y peculiar belleza" en estos árboles.

 El origen del bonsái está asociado al arte tradicional chino de jardinería en miniatura. Son paisajes que se crean en recipientes, con árboles pequeños, rocas de paisajes de diversas formas y que reciben el nombre "Penjing". La idea de los chinos fue disfrutarlos en el interior de sus casas o en las terrazas. Sin embargo, fueron los japoneses quienes perfeccionaron el arte del cultivo de los árboles llamados bonsái o" plantas en bandeja"; las primeras noticias al respecto datan del siglo XIV, y es posible que su cultivo se iniciara cientos de años antes. De hecho en una pintura hecha en 1.309 d.C. se muestra una escena familiar y sobre la mesa hay un macetero con bonsái de períodos muy anteriores. Quizás por eso resulta increíble que si hace más de mil años los orientales empezaron a cultivar el bonsái, en occidente recién haya surgido tanto interés por ellos.

 

“Penjing", arte chino de jardinería en miniatura.

 

 Los artistas del Penjing expresaban sus ideas y sentimientos recreando escenas naturales, por lo tanto, se habla de dicho arte como "Pintura en tres dimensiones", "Poesía silenciosa" o "Escultura viviente". Es el arte de la jardinería en miniatura, con árboles o arbustos, individuales o en grupos; con otros elementos como piedrecillas o rocas; con elementos decorativos como puentes, figuras, etc...

 Los historiadores todavía no saben exactamente cuándo empezó el arte del Penjing. En 1972 los arqueólogos chinos desenterraron la tumba de 1.200 años del príncipe Zhang Huai -segundo hijo de la emperatriz Wu Zetian, de la dinastía Tang- en la provincia de Shaanxi. Uno de sus murales representa a unas doncellas de la corte imperial levantando fuentes con este tipo de paisajes en las manos.

 El arte clásico del Penjing se relacionaba estrechamente con la pintura, poesía, y la caligrafía; seguía sus estilos y concepciones y muchos hombres de letras y pintores de varias dinastías fueron a la vez excelentes artistas del Penjing y sus monografías sobre este tema aún son estudiadas por sus sucesores hoy. Algunos de los grandes poetas de las dinastías Tang y Song, como Wang Wei, Du Fu, Han Yu, Bai Juyi, Su Shi y Lu You, escribieron versos en alabanzas al Penjing.

 Durante las dinastías Ming (1368-1644)yÜing(l644-1911), el arte del Penjing se desarrolló aún más. La creación y apreciación del Penjing se convirtió en una afición tanto del emperador y los nobles como de la gente común.

 Se dice que en los primeros años de la Era de Meiji (1868-1912) el arte llegó a estar completamente establecido como es hoy  y fue probablemente durante el final del siglo diecisiete, en las cercanías del período Muromachi (podría ser descrito como el rococó japonés) que llegó a existir la idea de mejorar artificialmente la forma de los árboles en macetero. Al principió fue simplemente una cuestión de mejorarlos quitándoles los defectos naturales; pero luego fue considerado como un arte.

 Estos árboles en maceteros se encontraban solamente en casas de nobles ricos, quienes podían afrontar el precio por una cosa tan rara. Pero los jardineros comenzaron a darse cuenta que si la naturaleza realizó un cambio en la forma, podría ser posible crear artificialmente árboles enanos de semillas o estacas, estos podrían producirse en cantidades y podrían ser tan bellos como los árboles más antiguos. Este arte encontró particular atracción en ese período. Más aún, fue un nuevo e inagotable mercado para los bonsái entre las personas adineradas y la clase culta mercantil. Entonces comenzó la rivalidad entre la aristocracia.

 Fue el comienzo de los bonsái. Su creación permanece como una de las artes más queridas de Japón; a juicio de algunos el cuidado y la paciencia, que van implícitas en la formación de estos árboles es "infinita".

DISTINTAS EXPRESIONES

 El Penjing se divide en dos categorías principales: la miniatura de árboles y la de paisajes. La primera utiliza "árboles enanos" especiales, con raíces nudosas y troncos añosos de formas caprichosas. Esta es conocida en países europeos y americanos por su nombre en japonés: "bonsái". Las miniaturas de árboles se clasifican por su altura, en grandes, medianas y pequeñas.

 El último tipo de bonsái se puede llevar en la palma de la mano y conserva toda su belleza natural en sus minúsculas formas. La edad de estos árboles oscila entre décadas y centurias, pero hasta los más jóvenes bonsái presentan un aspecto añoso después de haber sido arreglado por artistas del Penjing.

 La otra forma de Penjing, la miniatura de paisajes, toma a las rocas como principal componente, ayudándolas con pequeños árbol es y botes, pagodas, puentes, miradores y figurillas humanas de cerámica y metal. El paisaje, con elementos naturales, se concentra en una vasija de bordes bajos y pocos centímetros de diámetro máximo.

 Una gran variedad de plantas y piedras son aprovechables para manufacturar el Penjing del paisaje, pero los artistas en diferentes í      regiones escogen los materiales y colocaciones considerando las características de los paisajes locales. Existen conocidos centros de Penjing que han desarrollado estilos característicos: Suzhou, Yangzhou, Shanghai, Xixian, Guangzhou y Chengdu.

 En los últimos años, el arte tradicional del Penjing se ha popularizado en todo Japón. Al mismo tiempo, ha llegado a ser conocido y apreciado en el mundo a través de la exportación y exhibición en el extranjero.

EN OCCIDENTE

 Hasta comienzo de siglo los bonsái nunca habían sido vistos fuera de Japón; sus primeras apariciones fueron en una exhibición en París en 1898 y otra exposición en Londres en 1909 donde algunos ejemplares causaron sensación. La idea de tener un ser vivo que mezclara armoniosamente edad con pequeñez resultó fascinante para todos. Sin embargo los japoneses explicaron que no había que darle tanto énfasis a la edad del árbol, porque lo más importante acerca de los bonsái era su belleza. Esto es una realidad. Mucha gente se confunde con el tiempo. Porque existen árboles que se dicen tienen siete u ocho siglos de edad y esto lo relacionan con la antigüedad del arte. En realidad esos árboles tan viejos tienen documentado su tiempo en la naturaleza, y han sido después trasladados a recipientes para bonsái.

 El japonés siempre ha amado las cosas miniaturizadas y desde tiempos remotos muchos de ellos han ido coleccionando y atesorando árboles achaparrados en forma natural. Algunos consideran que estos no son bonsái sino "árboles en macetero" para indicar que allí, en la naturaleza, no ha habido atención para mejorar la planta; pero al ser trasladados a maceta ya se les dan los cuidados de un bonsái y por lo tanto merecen ese calificativo. El bonsái más viejo existente se empezó de esta manera.

 Hoy se ha extendido totalmente en Occidente, fundándose clubes y escuelas especiales en la mayoría de los países.

 Resulta atractivo lograr un ejemplar adulto completo, con sus proporciones, en escala reducida, incluyendo producción de flores y frutos. Una hermosura que según los cultores hay que encontrarla en su elegancia y armonía entre la maceta y la maestría de su estética vegetal.

 El bonsái enseña por sobre todo a amar la naturaleza, observarla, comprenderla, ya que ésta es la única manera posible de cuidar y mejorar con los años cada una de estas obras, que no están acabadas, ya que al ser elementos vivos siguen creciendo y transformándose. Todo un proceso que implica ir aprendiendo diferentes técnicas, saber más de botánica y de su estética, y también de la filosofía que encierran. Porque su trasfondo, más allá del objeto mismo, es el gusto por lo refinado en la simplicidad, la comunión con la naturaleza, la fuerza interior de las plantas que son fuente inspiradora para el hombre, el poder meditar con modestia frente a la grandeza de los acontecimientos naturales y el placer de poseer, amar y cuidar cosas que el tiempo y el hombre han transformado con el auxilio de la divinidad.

 En un mundo tan consumista como el nuestro ¿dónde podrían tener cabida estas expresiones que mezclan estética, botánica, religión y conceptos de vida?. ¿Será acaso una necesidad de trascender hacia otros valores?, ¿de buscar la sorpresa que entrega la naturaleza con sus cambios climáticos y otros fenómenos?, ¿de refugiarse en una tarea manual y al mismo tiempo científica que permita relajarse?, ¿de expresar una sensibilidad interna?, ¿de ir más allá de la apariencia frágil de estos ejemplares, que a la vez son tan fuertes debido a los cuidados que se les prodigan?, ¿de buscar la eternidad a través de estas plantas que duran infinidad de años?, ¿de respetar, al fin, la sabiduría que el tiempo otorga, en vez de quedarse sólo en valores mediatos?, ¿es aprender a tener paciencia en estos procesos que viven lentos cambios?.

 Lo cierto es que los japoneses dicen que el cultivo del bonsái puede transmitir paz interior, tranquilidad y mucho afecto hacia la humanidad.

 Para saber si un bonsái está perfectamente realizado, bastará con colocarlo en un primer plano de nuestro hogar, olvidarse que tiene un macetero y  proyectarlo, en escala, hacia las montañas, para darse cuenta que tiene las mismas formas que tendría si estuviera colocado en medio del campo.

 

 

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